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Trágica muerte de mujeres en Yopal: tuvo la culpa el alcohol?

Trágica muerte de mujeres en Yopal: tuvo la culpa el alcohol?
Juan Carlos Niño Niño*

Ante los trágicos fallecimientos de mujeres en diversas circunstancias en los festejos del año nuevo en Yopal, no deja de ser angustiante que de una u otra forma estaría involucrado el consumo de alcohol, sin desconocer ni más faltaba que estos decesos están bajo la investigación de las autoridades, a quienes les corresponde única y exclusivamente la responsabilidad de determinar la veracidad de los hechos, pero que coincide con lo que señalé hace una semana en mi columna “En año nuevo: brindis con un trago de... agua”.

En esa columna preguntaba al lector “si es necesario el consumo de alcohol para sentirnos mejor en estas celebraciones (muchas veces en exceso), que le dé a uno más cosquillas y placer en el alma el coro de los villancicos, “La pelea del siglo” de Gustavo “El Loco” Quintero, o darnos con más efusividad el abrazo a la medianoche el veinticuatro o el año nuevo”, o si podríamos pasar una celebración decembrina totalmente sobrios, sin necesidad del estímulo de ninguna sustancia etílica, con el privilegio de esperar minuto a minuto las 12 de la noche del año nuevo en nuestro pleno juicio.

Lo aterrador es que los tres casos tendrían un común denominador: se ocasionan dentro de la celebración del año nuevo, en donde el trasnocho y el consumo de alcohol pudieron incidir en el desenlace de los trágicos acontecimientos y lo que obliga a preguntarse si las diferentes personas involucradas en los mismos no hubieran probado una gota de licor, se hubiera podido evitar los tres absurdos fallecimientos? Insisto: las autoridades judiciales tienen la última palabra, y podría darse que en alguno o en los tres casos el consumo no tuvo nada que ver, lo que no resta la validez a un llamado de atención sobre la prudencia en el actuar y lo cuestionable de asociar la celebración a la ingesta de alcohol.

Es lamentable conocer sobre el fallecimiento de la funcionaria de la Registraduría, en la madrugada del primero de enero cuando su vehículo choca inexplicablemente contra un muro de contención del puente el Zequí en la vía Pore - Yopal, en donde de todos modos es necesario aclarar que no se conoce un registro oficial sobre consumo de alcohol, pero las autoridades advierten en su momento que esa recta está demarcada y cuenta con señales de tránsito verticales; la empleada de Visionamos que lamentablemente partió a la madrugada del primero de enero en su moto de Yopal a Aguazul, sufriendo un accidente en el sector de la Guafilla, aparentemente en estado de embriaguez y víctima de un microsueño.

Y lo más aterrador: el asesinato de una funcionaria de la Gobernación, cuando consumiendo unos tragos el (6) de enero en una casa de la Ciudadela Montecarlo, sostiene una riña con otra persona, quien finalmente la ataca con un arma blanca (a la víctima la conocí a mediados del año pasado en la Secretaria de Gobierno del Departamento, lo que me aterró aún más mas porque recuerdo claramente su carisma y eficiencia cuando atendió mi requerimiento en esa dependencia).

Como lo expresé en esa anterior columna, “nadie bebe por beber (especialmente en exceso), nadie consume alcohol porque si, nadie bebe simplemente porque las circunstancias del diario vivir así lo imponen, por la navidad, por el año nuevo, por lo reyes magos, por los amigos parranderos, etc, etc, etc... Nada más falso. Una gran mayoría de personas beben por un dolor del alma, por una grieta emocional, por un desaliento del espíritu, que tratan de atenuar con un efectivo anestésico, el tinto, el cigarrillo, el juego, las garrafas de vino, entre otros, y que solo se logra “curar” cuando una reingeniería personal nos permite “encarar” ese pasado, soltar por la cañería el odio, los resentimientos, la envidia, el maltrato, para entrar entonces no solo a perdonar a los demás, sino también perdonarnos a nosotros mismos”.

Coletilla. Lo más lamentable es la impunidad con la que pasa el “señor alcohol” en estos casos, porque la discusión social se centra en los móviles más inmediatos de los hechos, pero no se genera una discusión abierta y a conciencia sobre los efectos devastadores del alcohol, cuando se evidencia una vez más los daños directos e indirectos cuando se pretende celebrar estas fiestas al calor de unos tragos, mientras que la industria de esta “sustancia legal” se llenan de dinero los bolsillos a manos llenas, y no tienen que responder por las miles de tragedias que a diario ocasionan; cuando éstas no tienen nada que envidiar a las que se propician con el consumo de sustancias alucinógenas ilegales, en donde si son perseguidos a los que conocemos como “narcotraficantes”, quienes son señalados como enemigos del bienestar y la salud de las nuevas generaciones. ¡Que doble moral!

* Especialista “Gobierno y gestión pública territoriales”, Pontificia Universidad Javeriana.


La sección de OPINIÓN es un espacio generado por Editorialistas y no refleja o compromete el pensamiento, ni la opinión de www.prensalibrecasanare.com


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