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Reunión técnica nacional de palma de aceite analizó las coberturas, claves en la salud del suelo para el cultivo

 Los suelos erosionados y con poca humedad afectan la productividad y los rendimientos de los cultivos de palma de aceite por lo que es importante tomar medidas al respecto, según lo expuesto por Nolver Atanacio Arias, Coordinador del Programa de Agronomía de Cenipalma.

Durante su intervención en la XVII Reunión Técnica Nacional de Palma de Aceite, que se cumple de manera virtual hasta el 1 de octubre, el profesional señaló que parte de la solución a esta problemática está en las coberturas del suelo con leguminosas, el reciclaje de la biomasa y las plantas arvenses que acompañan al cultivo.

Explicó que si se tienen suelos descubiertos se tendrá mayor erosión y pérdidas de nutrientes por lo cual las coberturas son importantes. Más aun teniendo en cuenta que en los primeros 10 centímetros del suelo es donde está la mayor concentración de raíces finas y por eso se deben proteger.

Adicionalmente, la cobertura contribuye a la retención de la humedad y eso tiene un efecto fundamental en los rendimientos y la productividad y además reduce la escorrentía y la erosión.

Al pasar a la química del suelo, se observa que en palma se tienen suelos ácidos y otros con desbalances de bases por lo que las enmiendas resultan beneficiosas para este problema, incluso en cultivos establecidos.

De acuerdo con Arias Arias lo que se hace en Colombia en materia de siembra de palma de aceite debe diferenciarnos de lo que pasa en otras latitudes en temas como el manejo y conservación del agua.

“En Colombia estamos comprometidos con la producción de un aceite de palma sostenible en donde hacemos un uso adecuado y eficiente del suelo, el agua y la energía”, recalcó.

Dijo que “el suelo es, después de las personas, el principal recurso en la producción agrícola y por eso hay que trabajar para que ese suelo sea sostenible y seamos capaces de regenerarlo, con dos premisas clave, la interdependencia y visión del sistema”.

El suelo es un sistema complejo donde intervienen la física, química y biología y diferentes organismos que allí interactúan. En un gramo de suelo se pueden llegar a tener hasta 10.000 especies distintas de microorganismos, así como aire y agua para el desarrollo de las plantas por lo cual debe cuidarse y preservarse como el tesoro que es.

“En las zonas palmeras de Colombia hay diversidad de suelos, algunos jóvenes, pero pobremente estructurados y otros con gran riqueza química. Se tienen suelos profundos con pocas limitaciones en variables físicas, pero también hay otros con limitaciones y por ello es importante conocer bien el suelo como un factor de producción.

Cuando se viene de un suelo cultivado en bosques o uno orgánico, aún después de 20 años de conversión al cultivo de palma de aceite se tienen efectos negativos en la acumulación de carbono.

“Se ha sembrado palma de aceite en suelos que antes se dedicaban a otros cultivos con agricultura intensiva y con herramientas de laboreo que no fueron las mejores prácticas, en su momento, y por eso hay algunos suelos que en los primeros 20 centímetros van a tener alta resistencia a la penetración, lo cual limita el desarrollo de las raíces y cuando se siembra palma de aceite habrá síntomas asociados a deficiencia de humedad”, explicó Arias Arias.

El cultivo de palma de aceite necesita, como mínimo, 70 centímetros de profundidad efectiva para abastecerse de agua y nutrientes, pero en algunos casos no supera los 20 centímetros.

La física y regeneración del suelo implica seguimiento que significa ponerle indicadores a esas limitaciones como la medición de la resistencia a la penetración que indica qué tanta resistencia ofrece el suelo a la penetración de las raíces y la filtración del agua.

En muchos casos el mejoramiento de la productividad no pasa por el incremento de la dosis de nutrientes o de la química del suelo, sino por el de la física como un primer factor para que el suelo se pueda mejorar y regenerar.

Es muy importante contar y aprovechar al máximo el agua disponible y en ello el mejoramiento de la porosidad del suelo es clave como recurso para almacenar ese líquido.

Cuando hay limitaciones en el suelo se tienen menos raíces y menos materia seca con impactos negativos en productividad.

Para mitigar el impacto del déficit hídrico, las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) en poda, drenaje y cobertura son claves, acompañada de un riego eficiente en época de verano, lo cual puede marcar la diferencia en producciones.

Tratar el suelo como organismo vivo es clave para la adaptación al cambio climático, la conservación y mejoramiento de la calidad del agua, el incremento de la captura de carbono y la reducción de gases de efecto invernadero, concluyó Nolver Arias.



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