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Memorias de San Luis de Palenque en su 73.º aniversario

Por A.V.G.*

Este 15 de agosto es el 73.º aniversario de la fundación de San Luis de Palenque (15 de agosto de 1953) por el coronel Hugo Gamboa Ramírez. 

Debido a los tristes acontecimientos de las inundaciones provocadas por las fuertes lluvias y el desbordamiento del río Pauto hace apenas unas semanas, quiero enviar un saludo especial a todas las personas y familias afectadas, recordándoles que, mientras haya vida, siempre se puede recomenzar; la resiliencia, el trabajo y la fortaleza son rasgos que nos caracterizan a los nacidos y habitantes de San Luis de Palenque. 

Seguramente las donaciones con las que muchos hemos ayudado y que aún siguen llegando son pocas frente a tantas necesidades por atender; confiamos en que alivien y ayuden de alguna manera a quienes más lo necesitan.

Si usted nació, se crio o vivió en San Luis y lo recuerda con cariño, quizás quiera leer estas líneas; las escribo solo con el ánimo de agradecer y recordar, con aprecio eterno, el privilegio de haber nacido y vivido mis primeros años en este hermoso lugar.

San Luis de Palenque es donde recibimos las bases de nuestro futuro; donde nuestros padres sembraron en nosotros principios y valores, y donde aprendimos a respetar a los demás, especialmente a las personas mayores. Vivimos en una época marcada por una comunidad solidaria, empática, bondadosa, generosa, colaborativa; gente buena, honrada y con “don de gentes”.

Le pregunto: ¿participó o colaboró usted en la construcción del Colegio de La Presentación, tal vez ayudando a transportar materiales como ladrillos? Éramos una cadena humana, casi en su totalidad alumnos del colegio, pasando de mano en mano, desde el río hasta el colegio, los materiales traídos por el río Pauto en lancha (voladora) o planchones.

Si vivió en la época en que no había puente sobre el río Pauto para llegar a Trinidad y tocaba cruzar el río en canoa (curiara); si se alegró cuando construyeron el puente y se facilitó la conexión entre los dos pueblos hermanos, así lo hemos considerado siempre. Si viajaba en “voladora” entre San Luis, Trinidad y más abajo; si para tener agua en casa tuvo que cargarla en baldes, ollas y otros recipientes; si se bañaba en el río; si tuvo que llevar platón, tabla y jabón para lavar ropa en el río, entonces usted fue de nuestra generación.

¡Ay, San Luis! Donde se forjaron hijos y familias muy especiales; todos los que pertenecimos a esa época fundamental para el florecimiento de un municipio tan singular, que perdurará en nuestras memorias.

Si usted guarda especial cariño al colegio y a las Hermanas de la Presentación, a la Madre Marta y a las “pescas milagrosas” que ella organizaba para recolectar fondos; si aprendió a bordar “punto de cruz”, “punto de llama” y otras técnicas que al final de año se exhibían en las paredes de uno de los salones. Si recuerda las misas en latín y al sacerdote de espaldas a los feligreses; si en su memoria perdura el Padre Pacho (Francisco Lucea); las celebraciones de Semana Santa con las representaciones del Viernes Santo, el Viacrucis y la crucifixión y muerte de Cristo, con efectos especiales en una especie de escenario; las novenas y procesiones de Navidad; las fiestas decembrinas con reinados incluidos (la reina que ganaba era la que más dinero recogía, destinado a obras en el municipio); los toldos que se levantaban alrededor de la plaza principal, donde se vendía desde desayuno hasta cena; el conjunto “Los Palmaritales”; las corridas de toros, y tanto más.

¿Recuerda el aeropuerto, las compañías que operaban en San Luis como Avianca y La Urraca, entre otras? y cómo, a falta de torre de control, se empleaban comunicaciones por radio y había que “espantar” al ganado en la pista mediante sobrevuelos antes de aterrizar. Recordará las primeras plantas de luz eléctrica para el pueblo, aun cuando ya había familias que gozaban de ese privilegio; la llegada de la conexión eléctrica para todo el municipio, aunque solo prestaban el servicio unas pocas horas en la noche.

Era una época en la que no se conocía, o no era tan popular, la palabra “trauma” (trauma psicológico) por recibir de los padres uno que otro castigo (muchas veces merecido), acompañado de los elementos “correctores” de entonces (correa o rejo), mientras se escuchaban frases como: “tome, para que crezca derechito”, “para que aprenda a respetar”. Muy seguramente, usted mira hacia atrás y ve que sí creció derechito. Ahora, si usted piensa hoy que todo ese tipo de castigos lo traumatizó, busque ayuda profesional o, por lo menos, perdone a quien lo castigó, aunque ya no esté en este plano terrenal. Si al crecer y formar una familia repitió esos patrones con sus hijos, haga lo mismo: perdónese, pida perdón y busque ayuda profesional; libérese de esa carga y de todo lo que no le sume.

Si soportó lo que hoy se denomina “bullying”, que en la actualidad no se permite, pero en aquella época, por ejemplo, si a usted le ponían un apodo, usted respondía con otro; se defendía y listo.

Cómo no recordar la forma en que se “guardaba la cola” para comprar la carne fresca: llegar en las madrugadas para poner un plato en el piso y hacer fila esperando a la persona que llegaba con la carne fresca a atender; mientras tanto, uno se enteraba de los últimos acontecimientos del pueblo (el chisme) o de alguna noticia de la radio. Era costumbre que quien vendía la carne le pusiera una gran parte del peso en hueso y completara con carne.

Era una época en la que se podían dejar sillas, algún juguete y hasta bicicletas en la acera de la casa, y al otro día ahí los encontraba. Época en la que, claro, no se tenían los servicios públicos en las casas, pero nunca nos faltó nada; no había pavimentos, las carreteras y calles eran de tierra, en invierno mucho barro; sin embargo, las casas se mantenían limpias por dentro.

¿Fue usted uno de los hijos que ayudó a construir, o por lo menos a empalmar una casa; que aprendió desde pequeño a ordeñar y a hacer trabajo de llano; a construir un aljibe o un jagüey en la finca; a recolectar o cosechar todo lo que se cultivaba? ¿Seguramente vivió, como todavía sucede hoy, las duras picaduras de zancudos, garrapatas, coloraditos y hasta de alacranes?

Estos son algunos de mis tantos recuerdos y vivencias en un pueblo tan, pero tan especial, que definitivamente llevo con inmenso cariño, orgullo y agradecimiento en el corazón; seguramente usted, al leer estas líneas, recordará muchas más situaciones que lo marcaron de manera especial. Qué bueno que todos los que también sientan ese cariño y esos recuerdos nos esforcemos por replicar todo aquello que nuestros padres y familiares sembraron en nosotros.

Ahora quiero mencionar y honrar algunos de los apellidos de quienes fueron actores —¿o autores? — del florecimiento de nuestro bello San Luis de Palenque. Quisiera nombrar a los integrantes de cada familia, pero eso quedará para otro artículo. Dado que son tantas las personas, personajes y familias con las que convivimos en San Luis y que hicieron historia, o escribieron su historia inicial y única, con la visión de un futuro mejor para las siguientes generaciones, de antemano pido disculpas por no recordar algunos apellidos de familias que, muy seguramente, también fueron importantes para el florecimiento de San Luis de Palenque (no están en orden alfabético): Alonso, Albarracín, Cedeño, Plata, Reyes, García, Gutiérrez, Flores, Oropeza, Medina, Valderrama, Aguilar, Galindo, Mesa, Camacho, Calderón, Farfán, Achagua, Ríos, Zárate, Rivera, Blanco, Colina, López, Pidiache, Rodríguez, Lombana, Pastrana, Torres, Sandoval, Guerrero, Pan, Chaquea, Rojas, Cuervo, Becerra, Palma, Hurtado, Latriglia, Castillo, Duarte, Rincón, Mendivelso, Bustos, Patiño, Ávila, Zambrano, Ballesteros, Barreto, Delgado, Vásquez, Montoya, Betancourt, Inocencio, Gualdrón, Burgos, Sarmiento, Prieto, Granados, Barragán, Hernández, Galvis, Cuevas, Fernández, Aranguren, Camargo, Moreno, Baracaldo, González, Chaparro, Suárez, Avendaño, Leguizamón, Pinzón, Girón, Fernández, Higuera, Arenas, Maldonado, Vianchá, Roa, Goyeneche, Mancipe, Barrera.

Si usted es un “milenial” y está leyendo esta nota, creo que es bueno que agradezca no solo la cantidad ingente de herramientas tecnológicas que tiene a su disposición, sino también la época en la que vivimos, en la que tiene la oportunidad de desarrollarse en el área que desee e impactar positivamente con mayor facilidad que la que tuvimos sus predecesores.

Solo me resta enviar un abrazo a cada uno de ustedes y sus familias, recordándolos con cariño y deseándoles siempre lo mejor. Con respecto a las afectaciones y/o pérdidas materiales, sabemos del talante, la fuerza y la determinación que los caracterizan; de estas circunstancias, de la mano de Dios, van a salir adelante. Hoy nos conmueve y nos llama a la acción y a la solidaridad el colaborar con personas de otras zonas del país que fueron afectadas terriblemente por el reciente terremoto del 10 de agosto; así que los invito a que, en la medida de lo posible, ayudemos también a esos hermanos que lo perdieron todo y hoy necesitan de nuestras donaciones.

Un par de frases para recordar: “Nosotros existimos y seremos las memorias que nuestros hijos tendrán cuando nosotros ya no estemos.” “Los recuerdos son aquellas cosas que usamos para envolvernos y mantenernos calientes durante el tiempo que lo necesitamos.”

*Sanluiseño



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