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De Frente - Las hienas se juntan

De Frente - Las hienas se juntan
Por Oscar Medina Gómez

El alboroto nacional que se ha armado por la intención de la Justicia Especial para la Paz, JEP, de frenar, de impedir a toda costa el trámite legal de extradición del narcoterrorista de las FARC conocido con el alias de Jesús Santrich, para que responda ante la justicia norteamericana por narcotraficante, es eso: un mero alboroto. Bulla que, desde luego, busca distraer y enredar a la opinión pública.

Es claro, evidente, incuestionable que bajo la sombrilla del impune y sucio pacto de paz firmado entre Juan Manuel Santos Calderón y ese grupo terrorista, el tal tribunal llamado pomposamente JEP fue diseñado y parido con el único propósito de terminar de limpiar jurídicamente a los principales cabecillas farianos.

Entonces, no se entiende por qué medio país se rasga las vestiduras lanzando aullidos desesperados al aire: “Hay extralimitación y usurpación de funciones” gritaron juristas y congresistas …” “la JEP está violando la Constitución y la institucionalidad democrática, poniendo en riesgo nuestro ordenamiento jurídico” chilló el Fiscal Néstor Humberto Martínez.

¡Obvio! Así es. ¡Para eso fue creada la JEP! ¡Para eso le pagan sueldos de 30 millones de pesos mensuales a Patricia Linares, la Presidenta! ¡Y a otros 50 magistrados que la conforman! Así, al año recibirán del erario nacional la suma de 360 millones de pesos, más las prestaciones y primas de Ley ¡Bonito!

En cualquier país serio y respetuoso de la verdadera justicia -y por sobre todo del dolor y la reparación de las víctimas- el cartel de bandoleros cabecillas de las FARC estaría ahora en cárceles seguras. Pagando hasta el fin de sus días -con sus carnes y huesos- los execrables delitos que bajo su mando y mano han azotado a millones de colombianos por más de cinco décadas. Muchos de lesa humanidad. Todos en altísimo riesgo de quedar impunes. Por obra y gracia del arte de birlibirloque vergonzante de la paz santista. Presidente este que quedará registrado en la historia nacional como el más grande cómplice de la criminalidad de los grupos terroristas.

Amparándose en la fachada de la revolución del pueblo, Zeuxis Pausias Hernández Solarte, alias Jesús Santrich, es lo que es: un terrorista que ha puesto bombas y explotado granadas cegando la vida de centenares de inocentes. Un pederasta y pedófilo que en su repugnante vida ha violado niños entre matorrales de las selvas y en oscuros y sucios cuartuchos de pueblos a los que victimizó. Un secuestrador que ha privado de la libertad y el amor de su familia a miles de colombianos.

Un extorsionista que se ha lucrado con millones de dólares. Un torturador que hacia gritar de dolor hasta causarles la muerte a sus víctimas. Un criminal aventajado y sobresaliente que carga en su negra conciencia con incontables muertos. Y, por supuesto, un narcotraficante que estaba listo para enviar 10 toneladas de cocaína al Cartel de Sinaloa, en México. Hasta que la DEA lo puso al descubierto. ¡No Juan Manuel Santos!

No me pidan escribir y detallar aquí con nombres, lugares y fechas los delitos de este bandido. Eso está claramente documentado por las autoridades y es conocido por millones de personas en Colombia y el mundo. El sumario delincuencial de este repugnante sujeto es igual al de sus panas. Comparte honores con sus compinches y socios. En esa galería del horror están Rodrigo Londoño, alias Timochenko. Luciano Marín, alias Iván Márquez. Jorge Torres, alias Pablo Catatumbo. Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad. Luis Alberto Albán, alias Marcos Calarcá. Jesús Carvajalino alias Andrés París. Milton Toncel, alias Joaquín Gómez o el guajiro. Rodrigo Granda alias el canciller. Pastor Alape, Luis Antonio Lozada, o Tanja Neijmeijer, alias la holandesa o Alexandra Nariño. Y son otros cuantos.

En el novelón llamado Jesús Santrich hay un actor co-protagónico que de manera descarada sigue actuando y pelando el cobre en favor de la impunidad, del crimen y del delito: la iglesia católica. Escupe y abofetea abiertamente a los miles y miles de familiares víctimas que jamás terminarán de llorar a sus muertos. Vidas honestas, de gente humilde, a las que el demencial terrorismo de las FARC puso fin.

Aduciendo razones humanitarias los mandamases del catolicismo influyeron para que este criminal fuera trasladado de la Cárcel La Picota a la Fundación pastoral Caminos de Libertad, perteneciente a la Conferencia Episcopal. Allí, entre rezos hipócritas y copas de vino rojo, los ensotanados y divinizados curas, siguen brindando por su hazaña “en nombre de la paz”.

Esto tampoco debe sorprendernos. Históricamente en Colombia un ala influyente, un amplio y poderoso sector del clero ha sido cómplice, aliado, promotor y defensor de las ideas marxistas leninistas. Desde los púlpitos, regando incienso, disfrazados de igualdad para todos, con sus sermones alientan a analfabetas campesinos no sólo de miserables poblados, sino a empobrecidos habitantes de barrios marginales grandes las ciudades.

Además, es lógico: las hienas se juntan. Entre violadores, entre pedófilos, entre pederastas de niños y niñas, se tapan con la misma cobija. Digo yo.

*Periodista


La sección de OPINIÓN es un espacio generado por Editorialistas y no refleja o compromete el pensamiento, ni la opinión de www.prensalibrecasanare.com


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