Ante las inquietudes generadas en la comunidad frente a actividades de tala en el municipio de Yopal, Corporinoquia aclaró los procedimientos relacionados con el aprovechamiento forestal, en el marco de sus competencias como autoridad ambiental.
Durante el pronunciamiento, la directora general Diana Carolina Mariño Mondragón, precisó que estos procesos corresponden a solicitudes que son tramitadas inicialmente por las administraciones municipales y posteriormente evaluadas por la autoridad ambiental desde los componentes técnico, jurídico y ambiental.
“Corporinoquia no está promoviendo la tala de árboles. Nuestra función es evaluar solicitudes que llegan en el marco de la ley, muchas de ellas asociadas a situaciones de riesgo para la vida, la infraestructura o la seguridad de las personas”, explicó la directora.
En este sentido, se aclaró que los permisos de aprovechamiento forestal se otorgan únicamente cuando se verifica el cumplimiento de los requisitos establecidos en la normatividad vigente, especialmente en casos relacionados con gestión del riesgo, donde los individuos arbóreos pueden representar una amenaza por su estado, ubicación o afectaciones a su entorno.
De acuerdo con lo expuesto, en el caso de Yopal, varias de las solicitudes han sido originadas por la comunidad y canalizadas a través de entidades municipales responsables del manejo del espacio público, como el INDEV, quienes remiten los requerimientos para su respectiva evaluación por parte de la Corporación.
Así mismo, el equipo técnico realiza visitas de verificación en campo, en las que se analizan condiciones como interferencia con redes eléctricas, afectaciones a infraestructura, tránsito peatonal y estabilidad estructural, determinando la viabilidad de las intervenciones solicitadas.
La entidad también reiteró que, aunque la normativa no exige compensación en todos los casos de tala por gestión del riesgo, en algunos procesos se establecen medidas adicionales, como la siembra de nuevos individuos con especies adecuadas para entornos urbanos, sobre las cuales se realiza seguimiento para garantizar su establecimiento. Frente a las inquietudes de algunos sectores, la directora fue enfática en señalar que la Corporación actúa en cumplimiento de la ley y dentro de sus competencias, recordando que la ejecución de las intervenciones no depende de la entidad, sino de quienes realizan las solicitudes.
“Nosotros no somos ejecutores. Evaluamos las solicitudes y, si cumplen con los requisitos, otorgamos la autorización. Negar un permiso que cumple con la norma también podría generar responsabilidades, especialmente cuando existen riesgos para la comunidad”, indicó.
Finalmente, la directora de Corporinoquia reiteró el compromiso de la Entidad con procesos de reforestación recordando que durante la época de Semana Santa se movilizó en toda la jurisdicción de la Corporación la plantación de más de 60 mil plántulas.
Los argumentos de los ambientalistas
Ambientalistas como, Daniel Ramírez y Servando González, sostienen que no están en contra del progreso, pero no se puede permitir que se use como excusa para el arboricidio. “Esto no se trata de un solo árbol. Se trata del modelo de ciudad que estamos permitiendo. Lo que comenzó con la tala en Caño Seco no es un hecho aislado. Hoy vemos con preocupación cómo la motosierra sigue avanzando, ahora amenazando uno de los árboles más representativos de la Plaza de Enerca y proyectando la eliminación de varios más”, argumentó Ramírez.
Añadió que, “Se nos está imponiendo una visión de ciudad donde lo natural es tratado como un estorbo, donde un árbol parece incomodar más que el calor extremo y donde todo lo que no es concreto es visto como un obstáculo. A lo largo y ancho de la ciudad, calles que antes estaban llenas de verde, que permitían soportar el calor y hacían más habitable nuestro entorno, hoy solo dejan el rastro de lo que alguna vez fueron. Donde antes había sombra y vida, hoy queda cemento y vacío. Talar árboles en plena temporada seca, eliminar nuestro pulmón verde en medio de olas de calor cada vez más intensas, no es solo una decisión técnica: es una decisión irresponsable que afecta la salud y la calidad de vida de todos los yopaleños. Una ciudad donde el aire pesa, donde el calor sofoca y donde los árboles desaparecen no es una ciudad que avanza, es una ciudad que retrocede”, afirmó.