Prenslibre casanare noticias minuto a minuto

Nuestro canal en youtube PrensaLibreCasanare
Policia nacional de Colombia

Escúchanos en radio online

Llegaron pa' la foto

 Por Fabián Guttierrez*

Hay algo admirable en ciertos políticos regionales: poseen una capacidad casi sobrenatural para atribuirse aquello que jamás les perteneció. Todavía no termina de escribirse esta página de la historia y ya algunos recorren emisoras, financian titulares de prensa, redactan comunicados y posan para las fotografías intentando convencer que la movilización ciudadana fue obra suya. Es comprensible. Durante décadas aprendieron a contabilizar apoyos como quien cuenta cabezas de ganado.

Lo que despertaron Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo no fue una campaña más. Despertaron una conciencia ciudadana que muchos creían dormida; una fuerza moral y popular mucho más difícil de construir y mucho más imposible de comprar. Una convicción nacida del cansancio frente a los mismos de siempre y frente a una izquierda que, para amplios sectores de la sociedad, terminó asociada a la división, la incertidumbre y el desencanto; una auténtica cruzada ciudadana para recuperar la patria de quienes durante demasiados años la administraron como si fuera una herencia familiar.

En las calles se respira algo que hacía mucho tiempo no se veía: personas que jamás habían sentido tanta ilusión, tanta necesidad y tanta conciencia de votar; creyentes, comerciantes, campesinos, trabajadores, jóvenes y familias enteras que decidieron involucrarse porque comprendieron que la resignación no puede seguir siendo su destino. Y hay algo más profundo todavía. Una convicción moral.

Para muchos colombianos, esta movilización no nace únicamente de una preferencia política. Nace de la defensa de la familia, de la protección de los niños, de la fe y de aquellos valores cristianos que durante generaciones han orientado la vida de millones de personas. Quizás por eso los niños se han convertido en uno de los símbolos más conmovedores de esta causa: los vemos recibiendo a los candidatos con entusiasmo, cantando sus consignas y repitiendo sus lemas con una ilusión que muchos creían perdida. No pueden votar, pero inspiran a quienes sí pueden hacerlo. Muchos padres participan por ellos, porque entienden que ninguna generación tiene derecho a entregarle a la siguiente un país peor del que recibió. Allí reside la fuerza moral de este movimiento.

Por eso es un error monumental creer que esta energía ciudadana pertenece a los caciques políticos que, en distintas regiones del país, hoy intentan atribuirse una fuerza que jamás construyeron. No. Este movimiento le pertenece al pueblo, a los miles de colombianos que hicieron suyo el llamado de “Firme por la Patria” mucho antes de que algunos aparecieran para reclamar una victoria que nunca fue suya. La verdadera prueba apenas comienza, porque el privilegio de protagonizar un momento histórico exige responsabilidades del mismo tamaño: impedir que esta fuerza sea capturada por oportunistas y preservar la independencia que la hizo posible. Después de todo, no se trata tan solo de ganar una elección, sino del surgimiento de una nueva clase dirigente. De lo contrario, la renovación terminaría pareciéndose a aquello que prometió derrotar.

Porque hay algo que ya no depende de las urnas: una vez despierta, la conciencia de un pueblo difícilmente vuelve a dormirse. Y si la providencia divina dispone que Abelardo de la Espriella llegue a la Presidencia, su misión trascenderá por mucho un mandato de cuatro años. Gobernar será apenas el comienzo. El verdadero desafío consistirá en dejar sembradas las bases de una fuerza política capaz de sobrevivir a sus fundadores, manteniendo intacta la independencia que la llevó hasta allí y evitando que las viejas prácticas terminen infiltrando aquello que nació para superarlas.

De lo contrario, si mañana terminan administrando este movimiento los mismos profesionales de la adhesión tardía, los expertos en cambiar de camiseta según la encuesta del momento, todo habrá sido apenas una anécdota electoral. Un episodio más en la larga historia de las ilusiones desperdiciadas. Pero si se preserva su esencia ciudadana, Colombia podría estar contemplando el nacimiento de un nuevo orden. Una fuerza política construida desde abajo, inspirada por la esperanza popular y sostenida por ciudadanos libres antes que por estructuras clientelares.

Si algún día las generaciones futuras preguntan dónde estuvieron los colombianos cuando comenzó este despertar ciudadano, quienes hoy acompañan esta causa podrán responder que estuvieron donde debían estar: del lado de la esperanza, de la familia, de la fe, de la libertad y de la patria. Para quienes hemos sido testigos de este momento, hay una certeza difícil de ignorar: estamos presenciando algo que trasciende incluso a sus propios fundadores. Y quizás por eso, cuando esta página de la historia termine de escribirse, esta generación podrá decir con legítimo orgullo que tuvo el privilegio de vivir en los tiempos de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.

 *Sin otra distinción que la de un ciudadano más. 

La sección de OPINIÓN es un espacio generado por Editorialistas y no refleja o compromete el pensamiento, ni la opinión de www.prensalibrecasanare.com




Comentarios

escucha radio online
XXX Encuentro de bandas rítmicas
Cerrar
Cerrar