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EL ESPEJITO CON EL QUE EL CONQUISTADOR CAUTIVO AL INDIO

EL ESPEJITO CON EL QUE EL CONQUISTADOR CAUTIVO AL INDIO
Por Ovalle Duarte Leal*

La historia de Colombia está colmada de episodios épicos, trágicos y dramáticos pero algunos pasan a ser de índole jocosa, pero que igual, fueron parte de nuestra historia.

Los textos de sociales y el Estado nos ha dicho parte de la verdad, entre algunas de ellas, como los conquistadores buscaban diversas formas de manipulación de los aborígenes, enseñándoles espejitos y otro tipo de chucherías con el fin de cambiárselos por el oro que ellos poseían. Sin lugar a dudas, hoy nos parece que nuestros antepasados se pasaron de idiotas e imbéciles al aceptar semejante tipo de trueque que en nada se compadecía el valor entregado con el recibido.

Hoy, 520 años después, las cosas no han cambiado y el trueque es más desventajoso que el del espejo por oro. Las corazas medievales de bronce de los conquistadores han cambiado por los acrílicos del ESMAD, pero el modo de operación es el mismo: aplastar con leyes desventajosas y con la fuerza del bolillo y los lacrimógenos cualquier inquietud justificada de la comunidad y eso que estamos casi con los ojos aguados, especialmente los de nuestro presidente por la muerte de Mandela símbolo universal de la humildad y la justicia.

Las compañías petroleras, confabuladas con el Estado, aprovechando los niveles de desempleo, la ignorancia ya no del indio, sino del indio, del mestizo y del blanco, del colombiano común y corriente aporreado por los TLC, quienes con la necesidad de buscar un ingreso para sus familias se ven en la obligación de permitir el ingreso de éstas multinacionales a sus comunidades a desparpajar su hábitat para sacar millones de dólares representados en petróleo, del cual a las regiones sólo les quedan las migajas y los múltiples problemas.

Los artículos de prensa hablan del proyecto Niscota, de unas probables reservas de 500 millones de barriles, cifra que traducida a pesos colombianos al precio del barril y del dólar hoy, sería la no despreciable cifra de 97 billones de pesos colombianos. Si éste valor lo traducimos a oro, oro puro, expresado en lingotes de 1000 gramos cada uno, alcanzaría para comprar la no despreciable cantidad de 901.939, cotizado éste a 40.780 euros cada uno.

Para hacer aún más gráfica las cuentas, esto quiere decir que colocados unos tras otros, haríamos un recorrido de 9 kilómetros, un poco más de lo que el Rey Midas soñaba, convertir lo que podía tocar, en oro.

Sin embargo, qué puede valer el festival del solterón o del cachicamo, la pintura del hospital o de la iglesia, las cachuchas de los muchachos de la escuela, la novilla y las cajas de cerveza para el almuerzo de los presidentes de juntas de acción comunal? No será que estamos siendo peores de imbéciles que los indios del espejo?

Pero hay algo más, para el indio el oro no lo necesitaba para subsistir, era y sigue siendo un artículo suntuoso, sin embargo para nosotros, además que se llevan el petróleo, del que se fabrica miles de productos vitales y que después de vender el crudo nos toca importar plásticos y muchos derivados, nos destruyen el agua, nuestros cafetales, nuestros hogares y nuestro proyecto de vida?

Al fin y al cabo, hoy el indio está protegido por leyes que no permiten exploraciones en sus territorios ancestrales y su gran sentido de cooperación natural y cuidado por la madre tierra lo blinda de estos peligrosos visitantes, pero qué será de nosotros, cuya codicia por un mes de trabajo o por vender unas empanadas nos pone al acecho del invasor?

Eso pienso yo.
*Comité Dignidad por Támara - Asojuntas Támara


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