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DE FRENTE - Chávez

DE FRENTE - Chávez
Por: Oscar Medina Gómez **

Nada pudo hacer contra las dolencias del cuerpo. La vida le jugó una mala pasada. Un cáncer se lo llevó a temprana edad. Los libros de historia registrarán que un 5 de marzo de 2013 -aunque la fábula habla de que murió días antes- abandonó esta tierra el “comandante presidente” de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías, llanero de cepa parido en Sabaneta, Barinas, un 28 de julio de 1954. Demasiado joven para morir. Demasiado viejo para cometer tantos errores.

Aunque logró meterse y ocupar un lugar especial en la reciente historia social y política de América, fue un caudillo militar que no entendió ni supo aprovechar correctamente la inmensa e incomparable oportunidad histórica que la vida y la mitad de los venezolanos le dieron. Tuvo todo para hacer de Venezuela una potencia económica y eje de desarrollo comercial a nivel orbital: toneladas de millones de dólares, respaldo popular, militar y político, carisma, liderazgo y ganas.

Pero no. Su ambición sin límites, endiosamiento imbécil, despilfarros imparables, asistencialismo desmedido, odios injustificados, corrupción permisiva y tiranía ciega convirtieron a ese país en una nación dramáticamente inestable hoy día. No solo en lo social sino en lo político y lo económico.

Basado en los mulmillonarios recursos que genera el petróleo, desde enero de 1999 hasta diciembre de 2012, él fue quien ejerció y manipuló a su antojo un inmenso poder económico y político, queriendo aparecer siempre como una especie de mesías salvador, no solo de los venecos sino de los oprimidos de América y del mundo. Todo lo contrario: fueron 14 años en los que Venezuela retrocedió. Así, claro, millones de obtusos y recalcitrantes seguidores defiendan su obra y legado, situándolo a unos centímetros del mismísimo Jesucristo.

Su socialismo del siglo XXI fue un espejismo. Un fracaso sostenido por: uno: centenares de miles de millones de dólares generados por la inmensa riqueza petrolera venezolana. Dineros que torpemente el comandante los destinó para perpetuarse en el poder. No para fortalecer las instituciones, modernizar y proyectar el país. Dos: unas fuerzas militares corruptas donde capitanes, coroneles, generales y almirantes se han enriquecido hasta los pelos. Fuerzas a las que Chávez les permitió que robaran y traficaran con drogas a sus anchas. El sabía que si perdía su respaldo inmediatamente caería su autoritario régimen. Igual lectura para miles de funcionarios públicos de nivel, que sagradamente votaban por Chávez a cambio de seguir la corruptela. Tres: varios millones de miserables y pobres que de una u otra manera recibieron del coronel golpista una casa, comida, estudios, salud. Todo gratis. Regalado. Subsidiado. Esa ha sido la clave para mantener la clientela arrodillada.

Cuatro: una Asamblea Nacional, organismo unicameral presidido por el corrupto mayor Diosdado Cabello, donde el 95 por ciento de sus diputados son de bolsillo.

Igual pasa con instituciones legislativas, jurídicas y organismos de control postrados, humillados y vendidos como la fiscalía -Luisa Ortega, la Fiscal General de la República, es una chavista de boina y brazalete- la procuraduría -Cilia Flórez es la esposa del hoy presidente encargado y heredero político de Chavez Nicolás Maduro-, el Consejo Nacional Electoral -Tibisay Lucena, su presidenta, siempre ha acomodado las fechas electorales para favorecer los intereses chavistas y del PSUV- y el Tribunal Supremo de Justicia que avaló a Maduro como presidente encargado, hecho que a todas luces es inconstitucional, como claramente lo señala el artículo 229 de la Constitución. Para rematar, una estatal PDVSA donde su presidente Rafael Ramírez es un firmón, que no sabe sino hacer caso. Cuando Chávez subió al poder Venezuela producía cerca de 4 millones diarios de petróleo. Hoy es de escasos 2 millones.

Es cierto que las famosas Misiones Sociales Vivienda, Barrio Adentro, Robinson, Amor Mayor, Sucre y Mercal diariamente entregan gratuitamente a los pobres y desarrapados venezolanos alimentos, educación, salud, unidades básicas de vivienda. Pero no menos cierto es que esas misiones han sido permeadas por la corrupción, donde inimaginables recursos y ayudas van a parar a las manos de unos cuantos. Entre ellos ministros, diputados, militares y toda laya de hambrientos e insaciables funcionarios públicos.

Que nadie se confunda. El hecho de que a las honras fúnebres de Chávez hayan asistido 33 presidentes y jefes de Estado y delegaciones de otras 64 naciones no quiere decir que este personaje fue lo mejor que le ha pasado a Venezuela en toda su historia. No. Muchos lo hicieron para no perderse el show. Más nada. Un país que en 14 años de “revolución socialista” tiene 212 mil millones de dólares de deuda pública -externa e interna, equivalente al 86 por ciento del PIB-, una inflación del 35 por ciento, un desempleo del 12 por ciento, una devaluación acumulada del 47 por ciento, un gasto público del 46 por ciento. Un gasto militar del desbordado del 21 por ciento, el más alto de la región.

A todas luces un desastre, un apocalipsis fiscal que pide a gritos un cambio de rumbo político. Rumbo que de ganar el busetero Nicolás Maduro el 14 de abril próximo -fue conductor de autobuses del metro de Caracas- no solo empeorará sino que será difícil destronar. Y sumirá a Venezuela más todavía en el lodazal del subdesarrollo. A no ser que los otros 15 millones de opositores se hagan matar por el bien de la patria.

Los más preocupados deben ser ahora mamertos como Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Raúl Castro en Cuba, Evo Morales en Bolivia, Cristina Kirchner en Argentina, entre otros hipócritas a quienes el zambo Chávez les regalaba a montañas millones de dólares. Y miles de barriles diarios de petróleo. Así compraba a sus “aliados incondicionales”. A estos imbéciles les tocará gobernar de verdad y no esperar a que otros lo hagan por ellos. Ni menos esperar las limosnas venenosas de demonios disfrazados de ángeles. Y a los terroristas farucos tendrán que buscarse otro padrino.

Payaso, bufón, jetón, bravucón, buscapleitos, burdo, hazmerreir, caricato, déspota, inepto, dictador, autócrata, opresor, incendiario, azuzador. Para otros visionario, iluminado, glorioso, estadista, héroe, revolucionario. Además de un iluso que se creyó dios, de a montoncitos todo eso era Hugo Chávez. Colombia será un mejor país sin él. Digo yo.

** Periodista - Especialista en Gobierno y Gestión Pública Pontificia Universidad Javeriana


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