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De Frente - Tatequieto a los venecos

De Frente - Tatequieto a los venecos
Por Oscar Medina Gómez *

Algo hay que hacer para ponerle control a la insostenible y peligrosa invasión de venecos que está padeciendo Colombia. Causada por la tiranía del corrupto criminal colombiano Nicolás Maduro y un puñado de secuaces venezolanos, cuya bandola la encabeza un repugnante y obeso sujeto de nombre Diosdado Cabello. Todos “hijos políticos” de un doloroso parto y equivocación histórica llamado Hugo Chávez Frías. Que sembró un ladrón “socialismo del siglo XXI”. Que se creía inmortal por el petróleo. Pero que a buena hora un cáncer lo despachó a los infiernos. ¡Aleluya!

Si miramos el mapa, en todo el territorio colombiano los venecos han anidado. Han invadido como plaga los cuatro puntos cardinales del país. Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Pasto, Villavicencio, Santa Marta, Yopal… Ciudades enteras y sus ciudadanos estamos a merced de una legión de hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos, homosexuales, prostitutas. Y Malandros.

Sí: malandros. Porque un altísimo número de esos invasores no han llegado a Colombia propiamente a traer desarrollo. Están aquí cometiendo toda clase de fechorías. Desde robos menores –como celulares, carteras y bicicletas- hasta atracos a bancos, robos a conjuntos cerrados, fincas, secuestros, extorsiones y asesinatos sistemáticos a gran escala. De acuerdo con información de organismos de seguridad, gran número de bandas criminales están integradas por venezolanos que matan colombianos, sin la menor contemplación.

Desde luego, muchos también han llegado no por gusto sino buscando algo de sustento diario para medio comer y enviarles unos cuantos dólares a sus familias en Venezuela. Pero es que “por razones humanitarias” y presiones de ONG,s mamertoides -defensoras de los manoseados y mercantilizados derechos humanos- el Estado colombiano no puede seguir echándose al hombro el multimillonario costo que implica atender a más de tres millones de desplazados que en menos de 2 años han ingresado por puntos fronterizos como Riohacha, Maicao, Cúcuta y Arauca. Son casi 2.500 kilómetros de frontera, que es realmente imposible controlar. Ya por lo extensa, o por la corrupción que abiertamente practican tanto la Guardia Nacional Venezolana como no pocos miembros de la Policía Nacional de Colombia.

Atención en salud, vivienda, servicios esenciales como el agua, alimentación, educación, empleo y demás, que prioritariamente millones de colombianos pobres y miserables siguen esperando de los gobiernos promeseros de turno. Pero que hoy ven reducidos esos derechos, porque a Maduro se le dio la real gana de que así sea. ¡Faltaba más ¡

Suficiente tenemos con nuestras propias parturientas de la llamada población vulnerable, como para que ahora los alcaldes y gobernadores tengan que preocuparse y rebuscar recursos millonarios de donde no los hay, para atender a las venecas preñadas. O a los ancianos enfermos. O a los niños lombricientos, desnutridos y sin escolaridad. O a las prostitutas y homosexuales con VIH Sida. O a los ladrones y criminales que toca perseguir o que hay que meter a nuestras hacinadas cárceles, donde es obligación darles las tres raciones diarias de comida.

A esto, agreguemos el enorme daño e impacto económico que los venecos están causando a la economía y a la ocupación de puestos de trabajo. En todos los sectores y órdenes. Ahora es parte del paisaje verlos realizando todo tipo de labores. Pero con una desventajosa diferencia: se emplean por una bajísima remuneración diaria. Muchas veces sólo por la comida o por la dormida. Por consiguiente, los colombianos –que por derecho propio buscan trabajo en su propia tierra- se vean afectados y sometidos a vender también su mano de obra a precios ridículos.

Según el DANE, sectores como el de la construcción, la minería legal y el comercio informal, se han visto seriamente golpeados por la rebajona laboral veneca. Para no ir tan lejos, un ejemplo nos ilustra mejor: en el tema de los servicios sexuales, las venezolanas alquilan sus cuerpos y ofrecen la misma y hasta mejor atención a sus clientes, por una cuarta o quinta parte de lo que cobraría una colombiana. Si, por decir, en un bar el rato vale normalmente 100 mil pesos –con todos los juguetes- , la veneca se vende por 20 mil. En su país, este dinero se convierte en muchos millones de desvalorizados bolívares, que de todas maneras ayudan a la compra de escasos productos para alimentar a sus familiares.

Aterricemos el tema a una ciudad como Yopal, donde desde el último lustro sus casi 200 mil habitantes siguen impactados económicamente por el bajonazo en los precios del crudo. Allí ese cuentico de la bonanza petrolera se acabó. En el Hospital Regional de la Orinoquia, HORO, de enero a finales de noviembre de 2018, por urgencias se habían atendido cerca de 120 partos de venezolanas. Si es que no se complica, cada parto cuesta en promedio 1 millón y medio de pesos.

Y en atención humanitaria, en general, en 2018 la Gobernación giró al HORO cerca de mil 500 millones de pesos que costó la atención por población vulnerable de alrededor de mil doscientos venecos. ¿Adivinen a cargo de quien va todo ese costo? ¡Adivinaron: a la Gobernación de Casanare! Recursos públicos de todos los casanareños, que debió destinarse a los casanareños.

Es lógico que Ronald Roa Castañeda, el gerente del HORO, esté preocupado. Igual preocupación le asiste a Edwin Barrera, Gerente del Hospital Local de Yopal, quien imperiosamente ha tenido que gestionar y destinar recursos para la atención de la población venezolana.

Y así, y en escala mayor, es la situación que se vive en todo el país por culpa de los venecos. Subrayo: por razones dizque humanitarias no podemos seguir dejando de atender a nuestros propios compatriotas, quitándonos el pan de la boca para dárselo a los venezolanos.

Todo tienen un límite. Los alcaldes y gobernadores son autónomos en sus regiones para tomar las medidas que toque, en aras del control a la invasión vergonzante y descontrolada que nos siguen causando los venezolanos. ¡Con la mano en el corazón, pero las decisiones en el cerebro! Digo yo.

*Periodista

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